Cuando Irving Penn sustituyó por detritos la belleza clásica

  • La exposición 'Trabajo personal' compendia las naturalezas muertas del gran maestro de la belleza para quien 'fotografiar un pastel también es arte'.
  • Con huesos, accesorios de fontanería, colillas de cigarrillos, cráneos de animales, vasos, jarrones y desperdicios hizo fotos tan intensas como las de moda.
  • Los bodegones demuestran que lo aparentemente intrascendente puede ser presentado con la misma elegancia que lo normativamente bello.
'Bosque de huesos', foto de Irving Penn
'Bosque de huesos', foto de Irving Penn
© The Irving Penn Foundation
'Bosque de huesos', foto de Irving Penn

"Me llego a obsesionar con cualquier cosa si la miro el tiempo suficiente". Irving Penn, uno de los fotógrafos más importantes de la historia, no solamente legó algunas de las imágenes más personales y armónicas sobre la belleza del cuerpo humano o, yendo hasta los límites creativos que le gustaba frecuentar, sobre la poderosa rotundidad de desnudos corpulentos vistos desde ángulos inéditos, convertidos en piezas de escultura. Para el maestro estadounidense  (1917-2009) la belleza no era un canon inmutable. "Fotografiar un pastel también es arte", decía.

La exposición Irving Penn: Personal Work (Irving Penn: trabajo personal) muestra una faceta de la obra de Penn tan importante como sus imágenes de moda o retratos de celebridades: las naturalezas muertas que componía porque estaba convencido de que lo intrascendente, sobrante o no convencional puede ser presentado con la misma elegante profundidad que lo normativamente bello. El más prolífico y admirado fotógrafo de moda del siglo XX fue también un incansable buscador del atractivo de los detritos.

Todo puede ser cosificado

Hasta el 5 de marzo en la galería Pace/McGill de Nueva York puede verse un amplio compendio de las fotos que Penn hizo de objetos de desecho que encontraba en el suelo y llevaba al estudio para componer bodegones imprevistos: un guante carbonizado, colillas de cigarrillos, jarras metálicas oxidadas, osamentas de cráneos de animales y, como necesario complemento para establecer un patrón basado en que todo puede ser cosificado, una selección de desnudos manipulados y retratos tergiversados por efectos de laboratorio.

Quizá la obra más peculiar sea Optician's Shop Window (Escaparate de un óptico), una foto sin manipular tomada en Nueva York en 1939 de una vitrina comercial, es decir, una imagen documental o periodística, pero que reúne todas las características de los ready made de Marcel Duchamp y sus colegas del surrealismo. Los dos ojos pegados a sendos globos oculares artificiales, montados en una peana y aislados por un cortinaje oscuro podrían colocarse en un museo como una chocante pieza de arte encontrado.

Había estudiado para ser pintor

El interés por la morfología de los objetos y su potencial como tema artístico le venía dada a Penn desde su juventud, cuando había culminado los estudios de Arte y era un dibujante y pintor que comenzaba a despuntar en los ambientes neoyorquinos. Olvidó las iniciales pretensiones para dedicarse de lleno a los oficios de documentalista, retratista de moda y reportero. En todos se comportó con una humildad basada en una sola ley: "Una buena foto es la que comunica un hecho, toca el corazón y convierte en otra persona a quien la observa. En una palabra, es efectiva".

Ya en 1949, justo un año antes de que sus imágenes editoriales de colecciones de alta costura en París trastocaran por su valentía formal la estética visual de la fotografía de moda —la foto-icono Girl Behind a Bottle (Chica tras una botella) estableció una frontera: mostrando que también tienen sugerencia y belleza las miradas no tradicionales y lo que no se enseña frontalmente—, Penn comenzó a hacer naturalezas muertas y desnudos que agigantaban las formas femeninas en imágenes sobrexpuestas y blanquedas para crear efectos tonales infrecuentes. Penn fue el primer revolucionario contra las normas heredadas de la pintura y de su ejemplo tomarían nota fotógrafos de todas las generaciones posteriores, desde Herb Ritts y su antiglamur, hasta Robert Mapplethorpe.

El primer bodegón en una portada de 'Vogue'

Con las naturalezas muertas había empezado antes, desde el principio de su carrera fotográfica. En 1943 colocó en la portada de Vogueel primer bodegón con que la revista daba entrada a sus contenidos. Era una elegante combinación de accesorios femeninos contrapunteada con la ilustración de unos limones.

No fue la primera cubierta de Penn con naturalezas muertas, que siguió firmando a lo largo de los años, en una práctica valiente y rompedora del mensual. Desde 1970, cuando ya lo había conquistado todo, el fotógrafo empezó a dedicarse con mayor celo a sus creaciones privadas, en las que desarrolló la intriga que despertaban en él los detritos y otros objetos sin vida aparente.

'Materiales insospechados'

Las imágenes de la exposición demuestran la "extraordinaria capacidad de Penn para crear sorprendentes y elocuentes composiciones a partir de los materiales más insospechados", dicen desde la galería. Los organizadores de la muestra hacen suyas las palabras del crítico más influyente de la historia de la fotografía, John Szarkowski.

En el catálogo de la retrospectiva de 1984 de Penn en el MoMA, Szarkowski escribió:"Hasta ahora [la obra de Penn] ha demostrado que se puede aplicar a la fotografía lo mismo que a las otras artes: que lo aparentemente intrascendente puede ser artísticamente serio; que el vocabulario llano es el más exigente y que el arte no es sólo el de los monumentos, sino el del equipaje normal de nuestras vidas".

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