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La vejez en el futuro
Cara, atención en salud para ancianos en el país

El porvenir para los adultos de 30 a 50 años es poco alentador, señala el Inger

La elevada prevalencia de diabetes y obesidad, entre las causas

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En la actualidad la carga económica en el país por gastos en sanidad es onerosa, con 13 millones de mayores de 60 añosFoto Yazmín Ortega Cortés
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El sector representa en la actualidad 10 por ciento de la poblaciónFoto Yazmín Ortega Cortés
 
Periódico La Jornada
Martes 29 de diciembre de 2015, p. 2

Los adultos de entre 30 y 50 años tienen el peor perfil de salud en la historia del país y las expectativas menos alentadoras para los próximos 10 a 30 años, cuando formen parte de la población adulta mayor. Uno de cada cuatro mexicanos pertenecerá a este grupo de más de 60 años, pero por la elevada prevalencia de obesidad (72 por ciento) y diabetes (14 por ciento) que se reporta actualmente, no se anuncia nada bueno para la vejez, advirtió Luis Miguel Gutiérrez, director del Instituto Nacional de Geriatría (Inger).

Actualmente, con 13 millones de individuos mayores de 60 años, la carga económica para el país en términos de atención a la salud es pesada. Aún así, México se encuentra en el lugar 30 del Índicador Global de Envejecimiento, que elabora la organización internacional Ayuda para los Adultos Mayores, con sede en Inglaterra.

Dicho indicador mide el nivel de bienestar de los adultos mayores en 96 países, incluye el grado de independencia, cobertura de necesidades básicas, estado de salud (física y sicológica), grado de educación y acceso al trabajo, entre otros.

En el primer sitio están Noruega, seguido de Suecia, Suiza, Canadá y Alemania, donde los individuos de la denominada tercera edad representan 25 por ciento o más de la población en esas naciones.

Que México se ubique en el primer tercio de la medición es muy bueno, resaltó Gutiérrez. Comentó que todavía en 2013 estaba en el lugar 57. En 2014 subió al 30, sólo por la posibilidad de acceder a los servicios de salud a una pensión, a través del Seguro Popular y el Programa de Pensión Universal, 60 y más.

De acuerdo con estadísticas oficiales, en la actualidad este sector representa poco menos de 10 por ciento de la población general. Las previsiones demográficas estiman que en 2050 será 25 por ciento.

Sin embargo, no existen condiciones para que ese bienestar se mantenga en el futuro, debido a la falta de previsión personal e institucional. Ahora estamos envejeciendo más tarde, con buena salud y es posible actuar para que eso siga. Para ello, el enfoque debe cambiar de reactivo a preventivo y promotor de la salud, indicó el especialista.

Una encuesta realizada por el Inger encontró que los adultos mayores opinan que la vejez inicia a partir de los 68 años –no a los 60 como se considera en la actualidad– y que el mayor declive en todos los ámbitos se da alrededor de los 75.

Esta percepción de los mexicanos concuerda con la tendencia mundial que apunta hacia un cambio en la concepción que se tiene de esta etapa de la vida, a la que la mayoría llega con buenas condiciones físicas, se mantienen activos e incluso, siguen trabajando.

Debido al descenso de la mortalidad infantil, el control y la cura de enfermedades –que han permitido el aumento en la esperanza de vida–, los expertos en Europa y Japón impulsan un nuevo concepto: la edad prospectiva. Es decir, los años que las personas tienen luego de llegar a las seis décadas de vida.

En Japón son 26 años; en Italia, Nueva Zelanda y Suiza 25; en Estados Unidos 23 y en México 22, de acuerdo con el Índice Global de Envejecimiento.

El reto para nuestro país, advirtió Gutiérrez, es que las personas sobrevivan ese tiempo con buena calidad de vida.

Por lo pronto, se requiere un rediseño de los servicios de salud para ofrecer a los adultos mayores una atención integral y se tome en cuenta el grado de fragilidad de cada persona. También, dijo Gutiérrez, observar que si bien existen guías clínicas para el manejo de enfermedades, se abordan una por una, cuando en el caso de los viejos, los médicos deben tener en cuenta los diversos males que los aquejan, eventuales interacciones y complicaciones de los medicamentos.

Trabajo no remunerado

Otro reto que enfrenta el país tiene que ver con el costo del trabajo no remunerado en salud. Representa 19 por ciento del gasto total y de éste, 40 por ciento está relacionado con la atención que se presta a los adultos mayores

Es la inversión que realizan las familias para cuidar a sus ancianos. Desde la o las personas que destinan tiempo para ello y que en algunos casos, incluso, tienen que dejar de trabajar.

En los pasados tres años el total de gasto no remunerado aumentó 20 por ciento, con lo que se ubica apenas por debajo de la inversión nacional en la atención hospitalaria, que es equivalente a 21 por ciento, comentó el director del Inger.

Es fundamental atender este tema, sobre todo cuando se trata de los cuidados a largo plazo que requieren las personas mayores que viven con discapacidad física y/o mental.

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2012, entre 5 y 8 por ciento de los mayores de 60 años son totalmente dependientes.

Aun cuando es una proporción pequeña, la inversión es cuantiosa y aumentará conforme crezca la cantidad de individuos con enfermedades y riesgos de discapacidades.

Es indispensable, subrayó el director del Inger, apoyar a las familias con esquemas comunitarios que les permitan mantener con ellas a los ancianos.

Por otro lado, tomar las medidas preventivas necesarias para que los individuos preserven su salud, que lleguen a la vejez en las mejores condiciones que sea posible.

México está a tiempo para lograr esto, señaló el especialista, y refirió los datos de la Ensanut 2012, según los cuales la mitad de la población que rebasa los 60 años goza de una salud aceptable, requiere cuidados menores y algún tratamiento para el control de enfermedades, pero son independientes.

30 por ciento viven con alguna discapacidad física; alrededor de 12 por ciento padecen diversos males y fácilmente pueden transitar a discapacidad y dependencia.

Por eso, señaló Gutiérrez, es fundamental desarrollar intervenciones para evitar, o al menos retrasar, la evolución de los padecimientos y sus complicaciones, principalmente aquellos que llevan a la discapacidad.